Todos los colores de la vida. Dios en el corazón.

¡SANTOS CIELOS!

Antes de ser santos, eran personas. Con sueños, obstáculos y decisiones valientes.

Retrato histórico de santa Francisca Javiera Cabrini, con aureola en la reproducción

TENÍA MIEDO AL AGUA. CABRINI CRUZÓ EL OCÉANO.

Ya has abierto esa página tres veces. El curso empieza dentro de un mes, la candidatura vence el viernes, el proyecto incluso tiene nombre. Después llegas al punto en que hay que hacer algo concreto y lo cierras todo. Quizá mañana. Cuando te sientas más preparada, más tranquila, más capaz de afrontar lo que todavía desconoces.

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Estatua de san Martín de Porres en la iglesia de San Antonio, Liverpool

SAN MARTÍN DE PORRES: LO QUE APRENDIÓ CON UN BARBERO

La capa sobre los hombros, el espejo delante y esa pregunta que llega mientras alguien separa tu pelo en mechones: ¿cómo estás? A veces respondes deprisa. Otras, sin haberlo previsto, hablas del trabajo que te preocupa, de una fiesta que esperas, de tu madre que ya no quiere salir. Es curioso lo familiar que puede volverse un lugar al que entras para arreglarte el pelo.

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San Agustín representado por Sandro Botticelli. Reproducción de una obra histórica.

AGUSTÍN NECESITABA A SUS AMIGOS. ¿Y TÚ?

El mensaje llega cuando estás a punto de guardar el móvil: ¿nos vemos el sábado? Miras el calendario, piensas en la lavadora y en ese recado pendiente. Después descubres que estás sonriendo. Con algunas personas no necesitas inventar nada especial. Basta saber que estarán. También Agustín conocía esa alegría, mucho antes de nuestros grupos de WhatsApp.

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Ritratto storico di sant’Antonio Maria Claret, intorno al 1860.

EL TRABAJO IBA BIEN. ÉL, NO TANTO.

Te dicen que eres buena. Te dan otra responsabilidad y dan por hecho que seguirás. El reconocimiento gusta. Pero aparece una pregunta difícil de colocar: si este trabajo se me da tan bien, ¿por qué sigo imaginándome en otro lugar?

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