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¡¡SANTOS CIELOS!

¡FRANCISCO DE ASÍS: EL HIJO DEL MERCADER QUE LO CAMBIÓ TODO!

Una guerra perdida, el encuentro con personas con lepra, una fraternidad y una Navidad sin figuritas. Seguimos las decisiones de Francisco a través de las fuentes.

San Francisco de Asís, pintado por Francisco de Zurbarán

Su Testamento comienza con un encuentro que lo incomoda: el de las personas con lepra. Francisco recuerda que verlas le resultaba insoportable; permanecer junto a ellas transforma su experiencia. Es él quien señala ese cambio cuando, al final de su vida, vuelve a los comienzos. Para conocer al santo asociado a pájaros y lobos conviene empezar por un texto sobre personas excluidas.

Telas, caballeros y una prisión

Francisco nace en Asís a finales de 1181 o principios de 1182. Su padre es un rico comerciante de telas. Su juventud transcurre entre una familia acomodada y los ideales caballerescos de la época. Hacia los veinte años participa en una guerra, cae prisionero, enferma y regresa a Asís. La conversión no parece un simple cambio de ropa: se desarrolla con el tiempo, después de experiencias que interrumpen sus aspiraciones anteriores.

Las biografías cuentan el mensaje del crucifijo de San Damián y el trabajo para reparar la iglesia. También narran el gesto ante el obispo: Francisco devuelve sus ropas y renuncia a la herencia paterna. Son episodios transmitidos por una tradición religiosa. Expresan una separación de las obligaciones y seguridades de su ambiente, no una receta universal para todas las familias actuales.

Llegan los compañeros: hace falta una forma de vida

En 1209 Francisco presenta a Inocencio III el proyecto de una nueva fraternidad. El aumento de compañeros exige decisiones organizativas: ¿cómo vivir, trabajar, rezar, anunciar el Evangelio y relacionarse con la Iglesia? La Regla aprobada por Honorio III en noviembre de 1223 dará una forma estable al movimiento. Una vocación colectiva afronta cuestiones prácticas, además del entusiasmo inicial.

La Porciúncula se convierte en un lugar central. Clara participa de la misma búsqueda evangélica y desarrolla con sus hermanas una comunidad propia. Francisco también concede gran importancia a la Eucaristía y al respeto de los sacerdotes: reducirlo a un amante genérico de la naturaleza borraría el centro cristiano de sus decisiones.

Greccio: el belén se vive, no se compra

En la Navidad de 1223, en Greccio, Francisco hace preparar un pesebre con heno, un buey y un asno. Llegan personas de los alrededores y se celebra la Eucaristía. Las Fuentes franciscanas, recordadas por el papa Francisco en Admirabile signum, precisan un detalle: no hay las figuritas del belén doméstico que conocemos hoy. La representación involucra a quienes están presentes.

El gesto da forma visible a la pobreza del nacimiento de Jesús. En este relato, el belén une lugar, materiales, comunidad y celebración. Conocer su origen permite leer la escena más allá de la decoración navideña: el pesebre y el heno cumplen una función en el relato cristiano de la Encarnación.

El Cántico no nace durante unas vacaciones perfectas

La cronología de la Orden recuerda el empeoramiento de la enfermedad de los ojos y la estancia cerca de San Damián en 1225. Casi ciego, Francisco compone el Cántico de las criaturas. Alabanza y sufrimiento pertenecen a la misma etapa. El canto al sol, al agua y a la tierra no exige imaginar a su autor sereno o físicamente cómodo.

La tradición franciscana sitúa los estigmas en La Verna en 1224, interpretados desde la fe como unión con Cristo crucificado. Son un elemento religioso de la biografía, no una conclusión científica. Francisco muere en la Porciúncula la tarde del 3 de octubre de 1226; su fiesta litúrgica es el 4 de octubre. La canonización llega en 1228.

2026: ocho siglos después

En 2026 se cumplen ocho siglos de la muerte de Francisco. La carta de León XIV por el centenario, publicada el 10 de enero, vincula el recuerdo del santo con la paz entre las personas y con la creación. La conmemoración recorre todo el año: es el contexto de 2026, no un anuncio recién publicado. Para volver al hombre detrás de las celebraciones, su Testamento ofrece una entrada: las primeras líneas recuerdan el encuentro con personas con lepra, antes de las multitudes y las imágenes del santo.

FUENTES Y LECTURAS

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