Todos los colores de la vida. Dios en el corazón.

MARÍA, MADRE Y MUCHO MÁS

María, el Rosario y las historias de la devoción mariana.

The Young Virgin de Francisco de Zurbarán, pintura devocional conservada en el Metropolitan Museum of Art

MARÍA TAMBIÉN FUE UNA NIÑA.

De vez en cuando aparece una fotografía. El flequillo mal cortado, los zapatos brillantes, una expresión muy seria delante de una tarta. Te miras y cuesta recordar que esa niña eres tú. Quienes te conocen hoy te ven a través de lo que haces: trabajas, acompañas, decides, organizas. En aquella foto, en cambio, todavía estabas al principio de muchas cosas.

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Madonna del Parto de Piero della Francesca

MARÍA, TU CUERPO NO ERA UN DETALLE.

«¿Has adelgazado?» «¿Para cuándo un niño?» «¡A tu edad todavía estás estupenda!» A veces basta una comida familiar para que tu cuerpo protagonice una conversación que no has elegido. Todo el mundo parece tener una observación. Tú solo querías pasar el pan. ¿Y si, por un momento, nadie te pidiera explicaciones sobre ti misma?

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Asientos en el interior de la catedral católica de San Pablo en Münster

ENTRO Y ME SIENTO. AQUÍ TODOS SABEN REZAR MENOS YO

Llegas unos minutos antes para no llamar la atención. Después descubres que llegar pronto significa elegir asiento mientras los demás se saludan por su nombre. Te sientas hacia la mitad, lo bastante cerca para participar y lo bastante lejos para sentirte segura. Alguien abre un cuadernillo. Compruebas que el móvil está en silencio.

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La huida a Egipto de Fra Angelico. Obra histórica, no reconstrucción fotográfica del acontecimiento.

MARÍA TUVO QUE DEJAR SU CASA.

Hay llaves que conservas aunque ya no abras aquella puerta. En una caja, un cajón, el fondo del bolso. Para algunas personas mudarse es un proyecto feliz. Para otras significa dejar un lugar sin haberlo elegido. En el Evangelio, la familia de Jesús conoce también una partida dictada por el peligro.

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Le Magnificat, cuadro de autor anónimo conservado en el Musée Magnin, reproducción digital.

MARÍA NO HABLA SOLO EN VOZ BAJA.

Tienes algo importante que decir. Lo repites en tu cabeza, buscas el momento, esperas a que alguien termine. Entonces empieza a hablar otra persona y tú lo dejas para después. Cuando por fin encuentras espacio, antepones una disculpa: será una tontería, quizá me equivoco, no quiero molestar.

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