Judas Tadeo: espera, ¿qué Judas? ¿Y quién es Simón?
El 28 de octubre la Iglesia recuerda a dos apóstoles que quizá conocemos menos. Un nombre que distinguir, una pregunta dirigida a Jesús y una historia que nos invita a mirar más allá de las etiquetas.

Judas. Lees el nombre y crees que ya conoces la historia. Después llega otro nombre, Tadeo, y algo te hace detenerte: espera, ¿qué Judas? El que la Iglesia recuerda el 28 de octubre es Judas Tadeo, uno de los Doce apóstoles, distinto de Judas Iscariote. Y ese mismo día también se celebra a Simón.
Dos nombres quizá menos familiares que Pedro o Juan. Sin embargo, basta acercarse para descubrir un detalle que toca el corazón: Judas le hizo una pregunta a Jesús. Estaba allí, durante la Última Cena, y todavía necesitaba comprender. Si a veces tu fe también está hecha de interrogantes, puedes empezar a conocerlo por aquí.
28 de octubre: el calendario nos presenta a dos
La fiesta reúne a dos apóstoles de los que sabemos pocas cosas. Los encontramos como testigos del Evangelio, junto a las tradiciones que crecieron alrededor de su misión.
Para encontrarnos con un santo no necesitamos llenar cada silencio con un episodio espectacular. Podemos partir de lo que nos ha llegado y darle tiempo para hablarnos. A veces basta un pasaje del Evangelio, leído con calma, para sentirlo más cercano a la vida cotidiana.
Un nombre puede contar poco de una persona
Mateo y Marcos recogen el nombre Tadeo, mientras Lucas usa Judas de Santiago. Benedicto XVI, en la catequesis del 11 de octubre de 2006, explica cómo la tradición unió estos nombres en la forma Judas Tadeo. También se recuerdan diferentes interpretaciones del sobrenombre, sin presentar una como definitivamente cierta.
Puede parecer una cuestión de especialistas. En cambio, nos ofrece un gesto sencillo: detenernos antes de confundir. Dejar que una persona tenga su propia historia. ¿Cuántas veces nos encontramos dentro de un juicio ya preparado, construido con un nombre, un episodio o una impresión?
Quizá has deseado que alguien te hiciera una pregunta antes de decidir quién eres. Has querido explicar que había algo más que aquella frase que salió mal o aquel día difícil. De esta distinción entre dos nombres puede nacer también un pequeño ejercicio de delicadeza.
Aquella pregunta, a la mesa con Jesús
Juan 14,22–23 conserva la pregunta de Judas: ¿por qué Jesús se manifestará a los discípulos y no al mundo? La respuesta habla del amor, de guardar la palabra de Jesús y de la morada del Padre y del Hijo junto a quien lo ama.
Es un diálogo para leer entero. Estamos ante una pregunta que el relato no borra. También nosotros podemos permanecer ahí, con el deseo de comprender y con lo que todavía se nos escapa. Sin buscar enseguida una frase preciosa que decirle a Dios.
Quizá tu pregunta empieza por «por qué». Quizá es más pequeña: ¿cómo puedo confiar hoy? ¿Cómo llevo una decepción a la oración? ¿Cómo vuelvo a buscarte después de un tiempo en que me he sentido lejos? Puedes confiarle esas palabras incluso cuando no consigues ordenarlas.
¿Y Simón? Una fe llena de impulso
En los Evangelios se llama a Simón Cananeo y Zelota. En la catequesis, Benedicto XVI relaciona estos nombres con el celo y la dedicación. Su pertenencia concreta al movimiento de los zelotas no se afirma como un dato demostrado.
Es un detalle que invita a pensar en el impulso de la fe sin inventar el carácter de Simón. La pasión puede convertirse en disponibilidad, escucha y perseverancia. Puede ayudarnos a permanecer junto a alguien cuando ha pasado el entusiasmo inicial y queda un servicio muy concreto por hacer.
En el grupo de los apóstoles encontramos personas diferentes. Esa diversidad puede interrogarnos sobre nuestras comunidades, amistades y pequeños grupos donde nos sentimos en casa. ¿Hay sitio para quien habla menos? ¿Para quien llega con preguntas distintas? ¿Para quien necesita tiempo antes de confiar?
Una fiesta para llevar al día a día
El 28 de octubre puedes dedicar unos minutos a estos dos nombres. Abrir Juan, releer el diálogo de la Última Cena o buscar la catequesis. Si quieres participar en la misa, consulta los horarios de tu parroquia. El calendario puede convertirse en una invitación amable, un momento que guardar entre las cosas que hacer.
También puedes elegir un gesto: escuchar a alguien hasta el final, aclarar un malentendido o preguntar en vez de suponer. Después, reservar un pequeño espacio para Dios, quizá con esa pregunta que te acompaña desde hace días.
Oración original de CHIARA!, no es un texto litúrgico.
Tu pregunta puede ser un comienzo
Simón y Judas Tadeo nos dejan el deseo de conocerlos mejor, acudiendo a las fuentes. No sabemos todo sobre ellos. Pero podemos llevar con nosotros ese nombre por fin distinguido, esa dedicación y esa pregunta dirigida a Jesús.
Si esta noche tienes pocas palabras, puedes empezar con una sola frase sincera. Abrir el Evangelio. Detenerte. Y darte tiempo para escuchar, incluso sin saber todavía qué encontrarás.


