¡UN CORAZÓN QUE ARDE DE AMOR! MARGARITA MARÍA Y EL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS
Seguro que has visto ese corazón rodeado de espinas. Detrás de una de las imágenes más conocidas de Jesús está también la historia de una monja francesa.

Un corazón encendido, una cruz y una corona de espinas. La imagen del Sagrado Corazón de Jesús resulta familiar incluso a quienes no conocen el nombre de Margarita María Alacoque. Su memoria litúrgica, el 16 de octubre, nos invita a conocer a esta religiosa de la Visitación, que contribuyó de manera decisiva a difundir la devoción.
Antes de la imagen, una joven
Margarita nace en Borgoña en 1647. Su infancia queda marcada por la muerte de su padre y las dificultades familiares. Desea entrar en la vida religiosa, pero encuentra resistencias antes de ingresar, en 1671, en el monasterio de la Visitación de Paray-le-Monial. Profesa al año siguiente.
El convento no es un atajo hacia una vida sin problemas. Sus experiencias espirituales despiertan incomprensión y dudas, incluso entre quienes viven junto a ella.
Un corazón, no un amuleto
Según su relato, entre 1673 y 1675 Jesús se le aparece y le muestra su Corazón. El centro del mensaje es el amor de Cristo, unido al dolor por la indiferencia con la que es recibido. No promete que todo suceda como deseamos: invita a responder a ese amor en la oración y en la vida diaria.
El jesuita Claudio de la Colombière la acompaña en el discernimiento de sus experiencias. La escucha y la sostiene; su testimonio queda por escrito. Esas páginas nos acercan a su experiencia mística y a un mensaje que atravesaría los muros del monasterio.
De Paray-le-Monial al calendario de la Iglesia
La devoción tiene una historia más amplia que una sola persona, pero el compromiso de Margarita María ayuda a difundirla. En 1856, Pío IX extiende la fiesta del Sagrado Corazón a la Iglesia universal. Margarita María, fallecida en 1690, es canonizada en 1920.
¿Y nosotros, ante esa imagen? Podemos empezar con una frase sencilla: «Jesús, ayúdame a recibir tu amor y a compartirlo». Quizá con la persona a la que hoy nos cuesta más escuchar. Entonces el corazón deja de ser solamente un cuadro colgado en la pared.


