MADRE TERESA SONREÍA. POR DENTRO, SIN EMBARGO, ATRAVESABA LA OSCURIDAD.
La conocemos junto a los últimos. Las fuentes de su beatificación también cuentan un sufrimiento espiritual que permaneció oculto durante mucho tiempo.

En las fotografías la reconoces enseguida: el sari blanco con bordes azules, el rostro marcado, alguien a quien acoger. A menudo tenemos una imagen luminosa de Madre Teresa. Por eso puede sorprendernos descubrir que en su vida también hubo una profunda oscuridad interior.
No es un detalle para hacer más dramática una historia. Es una parte de su experiencia espiritual que las fuentes de la Iglesia tomaron en serio, también durante el camino hacia la beatificación.
La oscuridad que los demás no veían
Un texto de la Congregación para las Causas de los Santos, publicado por la Santa Sede con ocasión de la beatificación de 2003, describe su oscuridad espiritual y la fidelidad vivida en ella. La presenta como un sufrimiento íntimo, invisible para quienes la observaban desde fuera.
Este testimonio no permite afirmar que Madre Teresa hubiera dejado simplemente de creer. Las fuentes eclesiales hablan de una experiencia dolorosa atravesada en la fe. Confundir la ausencia de consuelo con la ausencia de fe cambiaría el sentido del relato.
¿Y si tú tampoco sientes nada?
Puede ocurrir que reces sin encontrar la paz que recordabas. Que mires a los demás y pienses que a ellos todo les sale de forma más natural. La historia de una santa puede abrir una pregunta sin convertirse en un diagnóstico de tu vida.
No podemos llamar automáticamente noche espiritual a cualquier periodo de tristeza, cansancio o distancia. Son experiencias que pueden tener significados distintos. La biografía de Madre Teresa no sirve para etiquetar lo que sientes ni para convencerte de soportarlo sola.
La santidad no se mide por la sonrisa
El rostro que mostramos a los demás cuenta solo una parte de nosotros. También por eso sería injusto pedir a una persona creyente que demuestre siempre serenidad, como si un día difícil desacreditara todo su camino.
Ante una dificultad espiritual puedes buscar una conversación sincera con alguien que sepa acompañarte. Y cuando el sufrimiento afecta a la vida cotidiana, pedir ayuda no traiciona la fe. Las distintas formas de apoyo no tienen por qué competir.
Una pregunta para tener cerca
Quizá hoy la pregunta no sea cuánto consigues sentir, sino con quién puedes hablar sin fingir. ¿Quién te escucharía aunque no tuvieras una conclusión edificante que ofrecer?
Madre Teresa no se vuelve más humana porque descubramos una grieta en su imagen. Ya era una persona. Conocer esta parte de su historia nos ayuda a mirarla con más atención y quizá a tratar con más delicadeza a quien se sienta a nuestro lado.


