DIOS, HOY ES MI CUMPLEAÑOS.
El móvil se ilumina temprano. El primer mensaje llegó a medianoche; otro lleva una foto que esperabas que hubiera desaparecido para siempre. Alguien llama mientras desayunas. Hay quien recuerda la fecha sin un aviso y te hace sentir, con poquísimas palabras, que piensa en ti.

Después llega el momento de mirar el número. Los años que cumples, los que te parecía tener todavía ayer, las cosas que imaginabas haber hecho a esta edad. Puede darte la risa. Puede dolerte algo. Un cumpleaños sabe guardar emociones que no caben todas en las fotografías.
Quizá hoy te apetece una gran fiesta. Quizá prefieres una cena sencilla o atraviesas una época en la que hasta responder a las felicitaciones requiere energía. Puedes llevar a Dios este día tal como es, con la alegría que sientes y las personas que quisieras cerca.
Una vida conocida, también en los días normales
En el Salmo 139, la persona se dirige a un Dios que la conoce profundamente, en los movimientos cotidianos de la vida y desde sus orígenes. Podemos leer esta página en el cumpleaños y dejar que nos ayude a reconocer el valor de una vida entera.
Hay resultados que te alegran y partes del camino que querrías cambiar. La gratitud puede incluir ambas cosas: reconocer un bien recibido no obliga a declarar bonito todo lo ocurrido. También puede nombrarse una herida sin encontrar hoy una conclusión.
La que sigue es una oración original de CHIARA! para la devoción personal. Puedes leerla despacio, cambiar las palabras que no se parezcan a ti o detenerte en un pasaje. No es una fórmula litúrgica ni una cita atribuida a un santo.
La oración
Señor Jesús, hoy es mi cumpleaños. Me detengo ante ti con los años que tengo y la persona en la que me estoy convirtiendo.
Gracias por mi vida. Por el bien que consigo reconocer, por lo que me alcanzó en silencio, por los días que ahora recuerdo con una sonrisa.
Gracias por quien me quiso cuando aún no sabía pedir amor. Por quien me enseñó algo, por las amistades que nacieron sin ruido, por las personas que hoy recuerdan mi nombre.
Te traigo también a quienes echo de menos. Las voces que quisiera escuchar por teléfono, los abrazos que no puedo recibir, las distancias que en un día así parecen hacerse mayores.
Cuida el bien que compartimos. Ayúdame a recordarlo con ternura y a dejar espacio a las personas que están aquí, ahora.
Te confío las cosas que todavía deseo. Las que cuento con entusiasmo y las que me cuesta nombrar porque tengo miedo de volver a esperar.
Dame luz para reconocer un paso posible. Paciencia para lo que necesita tiempo. Libertad para cambiar de camino cuando comprenda que debo hacerlo.
Si miro los años y me siento atrasada, ayúdame a volver a mi vida real: a las personas que puedo amar, al bien que puedo recibir, a las decisiones que me esperan hoy.
Perdona el mal que he hecho. Dame el valor de reconocerlo, de pedir perdón, de reparar lo que pueda. Acompáñame también donde llevo una herida.
En este año nuevo quisiera aprender a escuchar mejor, a mantener una promesa, a dar las gracias sin prisa, a pedir ayuda con sinceridad.
Bendice a quienes celebrarán conmigo. A quienes pensarán en mí desde lejos. A quienes cumplen años hoy y no tienen a nadie que lo recuerde.
Si tengo alegría, ayúdame a compartirla. Si estoy cansada, enséñame a descansar. Si debo elegir, dame personas sabias con quienes buscar un camino.
Te confío el tiempo que viene. Las mañanas que no conozco, los encuentros que no imagino, mis ganas de vivir y de amar.
Quédate conmigo, Señor, mientras comienzo otro año. Amén.
Después de las felicitaciones, un gesto que se parezca a ti
Puedes conservar una de las felicitaciones recibidas, la que te hizo sonreír sin pedirte nada. Releerla más adelante será una manera sencilla de recordar una cercanía. Un día pasa; algunas palabras buenas pueden seguir acompañándote.
Puedes elegir algo que te guste de verdad. Un paseo, una persona a la que ver, una tarta que te apetezca aunque no sea la más fotogénica. No debes justificar las ganas de celebrar ni llenar el día para demostrar que eres feliz.
Si este cumpleaños es difícil, puedes pedir una presencia concreta. Una llamada, una visita breve, alguien con quien comer. Y decir que prefieres evitar sorpresas. Ayudar a entender lo que deseas ofrece a los demás una posibilidad real de acompañarte.
Al terminar el día, quizá quede una frase que guardar. No debe ser una promesa enorme para los próximos doce meses. Puede ser el nombre de alguien a quien agradecer o algo pequeño que deseas hacer con más cuidado. También así se recibe un año nuevo: reconociendo la vida que hoy tienes entre las manos.


