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ORACIONES

UNA ORACIÓN ANTES DE CERRAR LA MALETA

¿Has puesto el cargador? ¿El documento está en el bolsillo correcto? La maleta sigue abierta sobre la cama y siempre falta algo, aunque lo hayas comprobado todo. Mientras tanto piensas en quien irá a buscarte, en quien saludarás antes de salir, en una conversación para la que quizá tengas tiempo por fin.

Una maleta en una estación de tren, lista para un viaje

Partir pone muchas cosas en movimiento. La alegría de cambiar de aire, el deseo de volver a un lugar familiar, el esfuerzo de organizarse. A veces también un poco de miedo, difícil de explicar a quien insiste en que deberías estar contenta y nada más.

Puedes detenerte antes de cerrar la cremallera. La oración antes de viajar puede empezar aquí: con lo que esperas y lo que te preocupa, sin tener que elegir una sola emoción.

El Salmo 121 y la confianza de quien se pone en camino

El Salmo 121 pertenece a los cantos de las subidas y empieza preguntándose por la ayuda que viene de Dios. Su versículo 8 habla del Señor que cuida nuestras salidas y entradas, ahora y siempre. Es una palabra de confianza que puede acompañar una partida.

Rezar con este salmo no vuelve innecesaria la prudencia. Siguen importando el descanso de quien conduce, la atención a la carretera y la organización. La confianza en Dios entra en nuestras decisiones y responsabilidades. Podemos pedirle que nos acompañe mientras las tomamos en serio.

Una oración antes de cerrar la maleta

Texto original de CHIARA!, para la oración personal.

Señor, antes de cerrar esta maleta quisiera confiarte lo que no consigo colocar entre un jersey y unos zapatos.

Te confío el deseo de partir, la alegría que me espera, la prisa de los preparativos y esa preocupación que sigo aplazando.

Acompaña mi viaje. Ayúdame a ser prudente, a respetar el trabajo de quien hace posible que viaje y a no tratar a los demás como obstáculos para mi programa.

Recuérdame que las personas de la cola también tienen destino, que quien se equivoca de camino puede necesitar paciencia y que un retraso no cuenta el día entero.

Te confío a quienes vienen conmigo. Que encontremos espacio para escucharnos, reírnos de algo pequeño y permanecer cerca también cuando estemos cansados.

Te confío a quienes se quedan en casa y esperan mi llamada. Ayúdame a recordar las promesas sencillas: avisar al llegar, preguntar cómo fue, encontrar tiempo para saludar.

Si vuelvo a un lugar que echo de menos, acoge mi felicidad. Si ese regreso me asusta, ayúdame a reconocer qué puedo afrontar y para qué necesito apoyo.

Cuida de quienes llevo en el corazón, también de quienes no podré abrazar. Ayúdame a nombrar su ausencia sin avergonzarme de la nostalgia.

Que sepa descubrir el bien durante el camino: un paisaje, un gesto amable, una conversación que no esperaba.

Y cuando llegue el momento de regresar, acompaña también ese paso. Ayúdame a llevar algo bueno a casa y a encontrarte en los días que recomienzan. Amén.

Cuando viajas para volver con tu familia

En torno a Todos los Santos, el 1 de noviembre, y la conmemoración de los fieles difuntos, el 2, algunas personas viajan para reunirse con sus seres queridos o visitar un cementerio. Para otras es simplemente un domingo fuera de casa. Las razones pueden ser distintas, igual que las emociones.

Un regreso puede contener abrazos esperados y una silla vacía. La felicidad de reconocer un olor en la cocina y el peso de ciertas preguntas. Puedes llevar todo eso a la oración sin obligarte a vivir el viaje como lo imaginan los demás.

Si una visita te pesa, puede ayudar acordar antes cuánto tiempo te quedarás y con quién. Si quieres recordar a alguien, piensa en un gesto sencillo: una flor, una oración, un recuerdo compartido. No hace falta una jornada perfecta para expresar un afecto verdadero.

Si viajas por puro placer, puedes alegrarte sin añadir un motivo solemne. Un paseo por una ciudad nueva, una comida larga, tiempo con una amiga pueden ser ocasiones de gratitud. Confía a Dios también ese deseo de disfrutar, recordando a quienes trabajan para hacerlo posible y lo que tu economía permite realmente.

También puedes llevar pocas palabras

Esta oración es una propuesta. Puedes saltar un pasaje, añadir un nombre o parar tras la primera frase. Leerla antes de salir y guardar el móvil. Si conduces, el momento de leer será antes de partir o durante una parada.

También puedes elegir una sola intención: te confío a quien me espera. O: ayúdame a ser paciente. Unas palabras sinceras pueden acompañarte entre el ruido de la estación, una carretera concurrida y el momento en que alguien abre la puerta para dejarte entrar.

Ahora puedes cerrar la maleta. Quizá aún haya algo que recordar. Mientras tanto has encontrado un momento para confiar a Dios tu partida y a las personas que la hacen importante.

FUENTES Y LECTURAS

Créditos fotográficos

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