¡MARIAN VUELVE A FLORENCIA CON EL DIARIO QUE ESCRIBIÓ A LOS 21 AÑOS!
Una bolsa de comida y una puerta distinta de la que buscaba. Sesenta años después de la inundación, Marian Newsim vuelve a Florencia con su diario.

Marian llama a una puerta en Borgo Santa Croce. Lleva una bolsa de comida y tiene una dirección. Le abre una familia distinta de la que busca. Deja allí la comida de todos modos.
Estamos en Florencia, en los días posteriores a la inundación de 1966. Marian Newsim tiene 21 años, viene de Nueva York y estudia en la ciudad. A los 81 ha vuelto para el encuentro de los voluntarios conocidos como los Ángeles del Barro. Compartió con La Nazione el relato de aquellos días, recogido en su diario. De esas páginas sale la historia de la puerta.
Primero los libros, luego las puertas
Los tres primeros días echa una mano en la Biblioteca Nacional. Los jóvenes voluntarios limpian los libros uno a uno. La biblioteca está cerca del Arno y el agua llegó hasta las salas donde se guardaban las colecciones. Basta pensar en cuántos libros caben en el estante más bajo de una sola librería para imaginar el trabajo.
Después, Marian ayuda a quienes se han quedado en casa sin agua, comida ni medicinas. Recorre las calles con otro voluntario. Alzan la voz para que los oigan desde las ventanas y preguntan a los comerciantes quién necesita ayuda. En Via dei Rustici hay un centro de socorro. Allí reparten lo que consiguen, desde pan hasta mantas.
Una puerta, una bolsa y una cena
En el diario también cabe una cena que les sale fatal. Unos voluntarios intentan mezclar atún y leche. Se dan cuenta demasiado tarde de que era leche condensada azucarada. Ni añadiendo más ingredientes consiguen arreglar gran cosa.
Y luego está aquella tarde en Borgo Santa Croce. En el Evangelio de Mateo, Jesús dice que cuando das de comer a alguien que tiene hambre, se lo das a él. Marian tenía un nombre que buscar y comida que entregar. Cuando se abrió la puerta, miró a quienes tenía delante.
En CHIARA! también puedes leer sobre la exposición que mantiene viva en Florencia la memoria de los Ángeles del Barro.


