ESTOY ENFADADA CON DIOS. ¿PUEDO DECÍRSELO?
Has rezado, has esperado y ahora solo sientes rabia. En los Salmos también hay espacio para esa pregunta que ya no puedes contener.

El teléfono sigue ahí, con la noticia que no querías recibir. Tú habías rezado. Habías pedido algo concreto, quizá ni siquiera para ti. Y ahora, junto al dolor, aparece un pensamiento que te avergüenza: hoy estás realmente enfadada con Dios.
Te detienes antes de decirlo. Te parece una falta de respeto, casi una forma de perder también la poca fe que te queda. Pero ¿qué pasaría si esa frase fuera el comienzo de tu oración?
La Biblia no ha borrado la protesta
El Libro de los Salmos contiene súplicas, lamentos y preguntas insistentes. El Salmo 13, también numerado 12 en otra tradición, comienza preguntando a Dios hasta cuándo durará su aparente lejanía. El dolor entra en el diálogo sin una introducción tranquilizadora.
En la catequesis del 14 de octubre de 2020, Francisco recordó precisamente esa variedad de sentimientos: la oración de los Salmos acoge alegría, duda y amargura. No exige presentarse ante Dios con el interior ya ordenado.
Expresar la rabia no es dejar que lo haga todo
Puedes nombrar la decepción, protestar ante una injusticia y reconocer que una respuesta fácil te duele todavía más. El lamento dirigido a Dios tiene una historia en la oración cristiana. Eso no convierte en buenas todas las palabras o acciones dictadas por la rabia.
Si la rabia se vuelca sobre quienes están a tu lado, puedes detenerte y cuidar también esa relación. Una herida merece escucha; no obliga automáticamente a los demás a soportar todas sus consecuencias.
No hace falta encontrar enseguida una explicación
Quizá alguien te diga que tenía que pasar así o que todo tiene un porqué. Puedes no estar preparada para escucharlo. CHIARA! no conoce el motivo de tu dolor ni puede hablar en nombre de Dios para explicártelo.
Desde la perspectiva cristiana, rezar puede significar permanecer en relación incluso sin comprender. Puedes buscar a alguien que sepa escuchar, llevar tu pregunta a un sacerdote de confianza o leer despacio un Salmo. No tienes que hacerlo todo hoy.
Una frase para empezar
«Dios, hoy estoy enfadada. Esperaba que las cosas fueran de otra manera. No consigo hablarte como antes: escucha también esto». Es una propuesta de la redacción, no una fórmula obligatoria.
Y si hoy solo puedes permanecer en silencio, empieza por ahí. Tu dificultad no tiene que esconderse para que la oración de los demás parezca más bonita.


