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UN CAFÉ CON DIOS

«¿Y TÚ, CUÁNDO TE CASAS?» MIENTRAS TANTO ESTOY VIVIENDO.

La pregunta llega mientras pasas el pan. Alguien habló de una boda y ahora todos te miran: ¿cuándo te decides tú? A veces puedes sonreír. Otras querrías preguntar por qué tu vida, tal como es, debe parecer siempre provisional. Quizá deseas enamorarte. Eso no significa que mientras tanto solo estés esperando.

Mesa con café y tarta fotografiada por Gerda Arendt. Imagen de contexto sin protagonistas identificados.

Tienes jornadas llenas de personas, trabajo, cosas que aprendes y otras que cuestan. Tienes proyectos propios. Quizá también noches en las que desearías a alguien al lado. Pueden ser verdad ambas cosas: querer una relación y valorar lo que vives ahora. No estás obligada a elegir una para convencer a otros de que estás bien.

Esa pregunta toca algo que desconocen

Quien pregunta puede tener buena intención. Ser cariñoso, torpe, estar acostumbrado a considerar el matrimonio el paso siguiente natural. Pero no conoce necesariamente lo que atraviesas. Una decepción reciente, una decisión libre, una búsqueda que no deseas contar. La mesa no siempre es el momento de abrirlo todo. Puedes querer intimidad sin justificar cada límite.

Tal vez baste responder: si hay novedades, os las contaré. O decir que la pregunta te incomoda. El tono dependerá del vínculo y de la situación. El objetivo no es preparar una frase que calle a todos, sino encontrar palabras tuyas que protejan lo que no deseas exponer. Una conversación afectuosa puede continuar cambiando de tema.

El matrimonio es valioso. Tu vida presente también

En la perspectiva católica el matrimonio tiene gran valor, y el sacramental pertenece a la vida de la Iglesia. Reconocerlo no exige pensar que quien no está casado carece de amor o responsabilidades. En Amoris laetitia, número 158, Francisco recuerda la aportación de las personas no casadas a la familia, las amistades, la comunidad eclesial y el trabajo.

El mismo pasaje distingue a quienes se consagran por amor a Cristo y a los hermanos. No significa que cada persona soltera haya elegido la consagración. Hay historias y situaciones diferentes que merecen su nombre. Podemos escucharlas sin asignar desde fuera una explicación religiosa destinada a cerrar deprisa una pregunta que para la persona sigue abierta.

No tienes que demostrar felicidad permanente

Sentirse a gusto sola no equivale a no sentir nunca soledad. Puedes disfrutar una noche enteramente tuya y otra desear un abrazo. No hace falta transformar esa alternancia en fracaso. También las parejas viven alegrías y carencias, cercanía y dificultades. Ninguna situación sentimental garantiza una serenidad continua, resuelta de una vez para siempre.

Tampoco debes contar tu autonomía solo como defensa. Puede haber gusto verdadero en tus decisiones, amistades y hogar. Son experiencias completas en su significado presente, aunque quieras que algo cambie. Puedes celebrar algo que salió bien hoy sin esperar a que toda tu vida coincida con la imagen que tenías hace unos años.

La fe no es una agencia matrimonial

Puedes llevar a Dios tu deseo de amor. Pedir luz sobre las relaciones, honestidad para reconocer lo que buscas, paciencia en momentos difíciles. La oración no fija una fecha ni certifica que la próxima persona sea la adecuada. Un deseo sincero merece libertad, conocimiento mutuo y tiempo, sin cargarlo de señales que pretendan decidirlo todo por adelantado.

Tampoco cada espera debe interpretarse como una lección que Dios estaría dándote. No conocemos el porqué de todas las circunstancias. Podemos estar ante él con gratitud y una pregunta sin respuesta, buscando vivir bien lo que tenemos. La fe puede sostener tu búsqueda sin obligarte a encontrar una explicación edificante para cada encuentro fallido o relación terminada.

Hacer sitio a personas, no solo a parejas

Esto concierne también a quien organiza una cena, vacaciones o actividades parroquiales. A veces se piensa en las personas solteras únicamente cuando queda una tarea pendiente. O se da por hecho que siempre tienen tiempo. Alguien puede ayudar y tener compromisos, afectos que cuidar y necesidad de descanso. Preguntar es diferente de presumir que no tiene nada importante que hacer.

Hacer sitio puede ser sencillo: invitarla sin hacerle sentir un añadido, interesarse por sus proyectos, recordar lo que le importa. No hace falta proponerle una posible pareja en cada ocasión. La amistad tiene valor propio, y la comunidad cristiana puede permitir conocerse por más cosas que el estado civil. Incluso una pregunta distinta cambia el ambiente.

Mientras tanto, esta vida

Quizá en la próxima comida vuelva la pregunta. Puedes haberte preparado una respuesta o sentir todavía la misma punzada. No tienes que gestionarlo perfectamente siempre. Puedes hablar después con alguien querido, explicar qué te hirió y buscar compañía donde te sientas vista. Hay vínculos capaces de escuchar tu presente sin tratarlo como espera de otra cosa.

Y en ese presente estás tú: las personas que quieres, la posibilidad de aprender, la alegría inesperada, la fe que intentas vivir. El futuro sigue abierto. Puedes desear un matrimonio y construir una vida significativa hoy. Cuando llegue el postre, quizá quieras contar precisamente eso: algo que te sucedió y merece escucha ahora.

FUENTES Y LECTURAS

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