Después del trasplante, hasta un vaso de agua sabe distinto
Dos trasplantes de riñón en Bolonia tras unos trece años en lista de espera. La historia de Roberto y Maria Chiara y el papel de un fármaco experimental.

Para Roberto Mazzotti, pizzero de Rávena, la diferencia se nota al coger un vaso de agua. Tras años de diálisis, cuenta que ahora puede beber sin preguntarse cada vez si puede hacerlo. Es el detalle que eligió para explicar qué ha cambiado desde que recibió un riñón en el Hospital Sant’Orsola de Bolonia.
Maria Chiara Negri también recibió un riñón en el Sant’Orsola. Según el Centro de Trasplantes, ambos llevaban unos trece años en lista de espera. Tenían anticuerpos que podían reaccionar contra los tejidos de muchos posibles donantes. Así, incluso cuando había un riñón disponible, las probabilidades de que fuera compatible eran muy bajas.
¿Qué hizo posibles los dos trasplantes?
Como explicó Gaetano La Manna, director del Centro de Trasplante Renal del Sant’Orsola, el equipo administró cizutamig, un fármaco experimental, antes del trasplante y en régimen de uso compasivo. El fármaco actúa sobre las células que producen los anticuerpos implicados en el rechazo. En ambos pacientes disminuyó la cantidad de esos anticuerpos, lo que aumentó las posibilidades de encontrar un riñón compatible. Así pudieron operarse los dos.
En la presentación del 4 de noviembre de 2026, el Sant’Orsola informó de que, varios meses después de las operaciones, ambos riñones trasplantados funcionaban bien y los dos pacientes se encontraban en excelentes condiciones clínicas. El centro considera preliminares los resultados, que corresponden a estos dos casos.


