CLIO NO RESPIRA. ROBERTO LA SALVA Y DESPUÉS SIGUE BUSCÁNDOLA
Estaba cenando con su compañera y su hijo. Cuando ve Clio en apuros, Roberto Picciotto se levanta y la ayuda. La cuenta pagada por mamá, la abrazo en la comisaría y una reunión que deja huella.

Roberto está a la mesa con su compañera y su hijo. Un poco más allá, Clio no puede respirar. Intenta levantarte del banco. Mamá intenta ayudarla. Él entiende que hay una emergencia: se levanta, llega a la niña e interviene. La cena puede esperar.
Se llama Roberto Picciotto, es un asistente del Equipo Mobile de Florencia y esa noche está fuera de servicio. En el pub de límite sobre el Arno, donde se encuentra con la familia, pone en práctica lo que aprendió durante la formación de primeros auxilios de la policía. Después de algunos intentos logra que expulsen el bocado que obstruye las vías respiratorias. Clio vuelve a respirar.
De su mesa a la de Clio
A contar esos momentos es Roberto mismo, en la entrevista publicada el 23 octubre. Vio a la niña en apuros y a su madre a su lado. Llegó a la mesa y usó las técnicas de desintegración aprendidas en los cursos. Los primeros intentos no fueron suficientes; continuó liberándola del fragmento de alimento.
Las cámaras del club grabaron el rescate. Pero para Roberto, mientras pasaba, esos pocos segundos parecían mucho más largos. Después, mamá llevó Clio al hospital para la investigación. Volvió a sentarse. Al hijo le recordó que comiera tranquilamente: son momentos que, cuenta, lo han marcado.
Y esa cuenta ya estaba pagada.
Cuando va a la caja, Roberto descubre otro detalle: la madre de Clio ya ha pagado su cena. Después de las gracias, ese gesto. Una manera concreta de decir gracias al hombre que se había levantado de la mesa de al lado.
Es uno de los detalles más hermosos de la historia. El miedo y el alivio siguen siendo enormes; sin embargo, dentro de ella también encuentra espacio esta pequeña atención. Dos familias entran en el mismo lugar para cenar se encuentran atadas por un socorro y un agradecimiento.
En la comisaría, esta vez se sonríe.
Roberto quiere saber cómo está Clio. En los días siguientes se interesa en su estado y la invita a la comisaría. Vienen ella, su mamá Marta y su hermana gemela Violante. Los agentes de los Volantes y los perros policías también las acogen.
Esta vez pueden hablar con calma. Se cuentan sus pasiones, él habla de la familia y del trabajo. Se abrazan. Después de conocerse durante una emergencia, por fin pueden conocerse también así.
Y el informe continúa: Roberto dice que se mantuvo en contacto con la familia. Le gustaría que las chicas conocieran a su hijo, tal vez dejarlos jugar juntos. Es un deseo que cuenta en la entrevista, otro encuentro que hay que organizar.
La emoción viene en el vídeo
Roberto explica que solo después, al revisar el vídeo, tomó conciencia del peligro que corría la niña. Cuando volví a ver la película, me emocioné. La conmoción le pertenece a él tanto como la prontitud con la que ha intervenido.
En esta historia hay también una preparación que cuenta: las maniobras salvavidas habían sido aprendidas durante los encuentros profesionales promovidos por la Comisión. Ese saber encontró un empleo decisivo fuera del trabajo, a poca distancia de su familia.
A nosotros nos queda también el segundo encuentro. Clio y Roberto cerca de un volante, sonriendo. Y la posibilidad, nacida de una noche de miedo, de encontrarse algún día con los niños que juegan juntos. Es una buena dirección para dar a esta historia.
Pulse play: el vídeo de rescate
A continuación puedes ver el vídeo grabado por las cámaras del local.
Fuente: Italia 7 ↗ · Abrir el vídeo original ↗


