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RANIA LLORA CON ELLAS: UN ABRAZO A LAS FAMILIAS DE LOS CRISTIANOS ASESINADOS EN JORDANIA

La reina visitó a las familias afectadas por el ataque a la iglesia de Hammoud junto a Salma y Rajwa. Unas imágenes que llegan al corazón: el valor de acompañar un dolor inmenso.

La reina Rania abraza a una mujer en duelo durante la visita a Hammoud

Miras esas imágenes y te entran ganas de bajar la voz. Rania de Jordania está ante mujeres que acaban de perder a alguien. Las abraza, se emociona. A su lado están su hija Salma y su nuera Rajwa. Delante, familias para las que estos días lo han cambiado todo.

Estamos acostumbradas a ver muchas fotografías de Rania: encuentros oficiales, viajes, vestidos que aparecen en los periódicos. Aquí la mirada se detiene en las lágrimas y la cercanía. En ese gesto tan familiar que hacemos cuando alguien a quien queremos sufre y las palabras se quedan pequeñas: abrazarlo.

La visita tuvo lugar el domingo 25 de octubre. Las imágenes circularon durante los días siguientes, acercándonos el dolor de la comunidad de Hammoud y la presencia de la reina junto a las familias.

En Hammoud, una comunidad llora a sus seres queridos

Estamos en el sur de Jordania, en la gobernación de Karak. El viernes 23 de octubre, hombres armados atacaron la iglesia greco-ortodoxa de San Jorge, en Hammoud, durante un funeral. Nueve personas perdieron la vida; otras resultaron heridas.

Un funeral. Basta ese detalle para detenernos. Había personas reunidas para despedirse, rezar y acompañar a una familia. La violencia las alcanzó allí, en un momento que merecía protección y respeto.

Muchas veces pensamos en las iglesias como lugares a los que entramos cuando necesitamos respirar. Nos sentamos en un banco y confiamos a Dios un miedo, un nombre, una pregunta. Saber que una comunidad ha sido atacada en un lugar de oración nos toca también por eso: sentimos lo valioso que es poder reunirnos sin miedo.

Rania fue a verlas, con Salma y Rajwa

Dos días después del ataque, Rania se reunió con los familiares de las víctimas en la asociación benéfica de Hammoud. Lo confirman la oficina de la reina y la agencia de noticias jordana Petra. La acompañaban las princesas Salma bint Abdullah II y Rajwa Al Hussein.

La soberana expresó su pésame y rezó por las nueve personas fallecidas y la recuperación de los heridos. En las imágenes de la visita, la emoción ocupa el lugar del protocolo. El rey Abdalá también visitó a los heridos en el hospital.

En esas imágenes, las familias retienen nuestra mirada. Porque el duelo necesita personas dispuestas a acercarse, escuchar y sostener. Su dolor continuará cuando las cámaras se hayan marchado. Y esa cercanía tendrá valor, sobre todo, si sabe durar.

Hay abrazos que te ayudan a resistir un minuto más

Quizá te haya pasado. Has perdido a alguien o has recibido una noticia que te dejó sin aliento. A tu alrededor buscaban algo que decir y tú solo querías un hombro en el que apoyarte.

Un abrazo puede ser eso: un pequeño espacio donde soltar el peso durante un instante. Puedes llorar. Puedes guardar silencio. Puedes dejar de buscar una respuesta para quien te pregunta cómo estás.

Es el pensamiento que nos dejan los gestos de Rania. No podemos saber qué sintieron las mujeres con las que se reunió. Pero sí reconocer la delicadeza de una presencia que se acerca y comparte la emoción. Y recordar cuánto necesitamos a los demás en los días más difíciles.

Mira el vídeo de la visita.

Una oración por los cristianos de Hammoud

Esta historia nos acerca a una comunidad cristiana herida. A personas que se habían reunido en su iglesia y a familias que ahora deben afrontar una ausencia. La visita de Rania y su oración por las víctimas hacen visible una cercanía que atraviesa las diferencias religiosas.

Para quienes llevamos a Dios en el corazón, el pensamiento va hacia esas familias. Hacia quienes están hospitalizados. Quienes esperan noticias. Quienes tendrán que volver a esa iglesia con el miedo de lo ocurrido.

«Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados», leemos en el Evangelio de Mateo. Una promesa a la que aferrarnos incluso cuando rezar se vuelve difícil. Incluso cuando la oración apenas alcanza a ser un «Señor, ayúdanos».

Podemos confiar estas personas a Dios sin buscar explicaciones fáciles a su sufrimiento. Pedir paz para quienes han muerto, cuidados para los heridos y apoyo para quienes permanecen. Y fuerza para que toda la comunidad se cuide mutuamente.

Ese «aquí estoy» que también podemos ofrecer

Las imágenes llegan de lejos, pero nos hacen pensar en alguien cercano. Una amiga que atraviesa un duelo. Una compañera que ha vuelto al trabajo después de una pérdida. Una persona a la que escuchamos llorar y que después, absorbidas por nuestras jornadas, fuimos llamando cada vez menos.

Quizá hoy podamos escribirle. Preguntarle si le apetece una visita, ofrecernos a acompañarla a hacer una gestión, llevarle algo para cenar. Pequeños gestos, elegidos escuchando lo que necesita.

En Hammoud quedan nueve vidas truncadas y familias que merecen toda nuestra atención. De esta visita nos llevamos en el corazón el abrazo de Rania y el recuerdo de quienes lo recibieron. Para ellas, hoy, una oración. Para quienes sufren a nuestro lado, una presencia que renovar también mañana.

FUENTES Y LECTURAS

Créditos fotográficos

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