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ORACIONES

DIOS, HOY ES FIESTA. PERO YO TRABAJO.

En el grupo familiar deciden a qué hora reunirse. Tú compruebas el turno. Ya sabes que llegarás tarde o que esta vez no estarás. Preparas las cosas para salir mientras los demás pueden seguir durmiendo. No tienes por qué estar triste: quizá te encanta tu trabajo. Pero hoy también deseas una fiesta entera para ti.

Máquina de café fotografiada por Abdulla Al Muhairi. Imagen de contexto para una pausa laboral.

Hay domingos y celebraciones que transcurren en una planta de hospital, una cocina, un transporte público o una casa donde alguien necesita asistencia. Hay trabajos que piden disponibilidad justo cuando otros se reúnen. Detrás de un servicio que funciona hay personas con afectos, cansancio y citas aplazadas. Una oración también puede dar voz a esa parte del día.

Todos los Santos, también dentro de un turno

Este año el 1 de noviembre, solemnidad de Todos los Santos, cae en domingo. Muchas familias podrán ir a misa y estar juntas. Otras deberán organizarse alrededor del trabajo. No hace falta presentar esas jornadas como idénticas: unas personas prestan servicios necesarios, otras tienen margen de elección, algunas muy poco y otras viven condiciones difíciles.

En la fe católica el domingo guarda el lugar de la Eucaristía, la alegría y el descanso. El Catecismo reconoce también las necesidades familiares y los servicios de gran utilidad social al tratar el trabajo festivo. Eso no vuelve innecesario el descanso de quien trabaja. Al contrario, recuerda que los demás también necesitan tiempo libre, relaciones y cuidados.

Una oración para la jornada que te espera

La siguiente oración es original de la redacción. Puedes leerla antes de salir, recuperar una frase durante una pausa o adaptar las palabras a tu trabajo. No es un texto litúrgico ni sustituye participar en misa. Es una manera de confiar al Señor la jornada concreta, con lo que tiene de hermoso y de difícil.

Señor Jesús, hoy es fiesta y me preparo para trabajar. Te presento el turno que ya conozco y lo que esta jornada pedirá sin avisar. Te presento mis ganas de hacerlo bien y el cansancio que a veces llega antes de empezar.

Ayúdame a ver a las personas que encontraré. Detrás de una petición hay una historia; detrás de una respuesta brusca puede haber miedo. Dame atención para escuchar, claridad cuando debo explicar, valor para pedir ayuda cuando no sé.

Cuida a quienes trabajan a mi lado. A quien empieza su primer turno, a quien lleva tantos, a quien piensa en alguien que quedó en casa, a quien hoy deseaba estar en aquella comida. Ayúdanos a apoyarnos sin contar cada favor.

Te confío a las personas que hoy veré poco. Que encontremos un momento nuestro, aunque sea distinto del que imaginábamos. Recuérdame que puedo amar mi trabajo y necesitar descansar. Que puedo estar disponible y decir con respeto cuándo he llegado al límite.

Dame cuidado en los gestos ordinarios, una palabra amable y sincera, paciencia para recomenzar tras un error. Y cuando termine el turno, ayúdame a volver a casa también de corazón: a dejar lo que puede esperar, a recibir compañía, a reconocer el bien encontrado hoy.

Quédate con quien seguirá trabajando esta noche. Con quien vela, prepara, limpia, asiste, conduce. Con quien no se siente visto. En la fiesta de todos, guarda también su nombre. Amén.

El descanso no se gana llegando al agotamiento

Puedes pensar que el derecho a parar comienza solo cuando todo está acabado. En muchos trabajos ese momento no existe: siempre hay otra petición. Conocer tus responsabilidades incluye buscar condiciones sostenibles y hablar cuando algo no funciona. Una oración no debería hacer aceptable cualquier carga ni exigir disponibilidad interminable.

También hay gestos pequeños entre compañeros que cambian un día. Avisar con tiempo, respetar una pausa, reconocer una ayuda. No resuelven cuestiones organizativas o contractuales, pero pueden humanizar el tiempo compartido. Si utilizas un servicio durante una fiesta, recordar que la persona delante de ti está trabajando ya es un buen comienzo.

¿Y la misa?

El Catecismo recuerda que se puede participar el día festivo o la tarde anterior. Habla también de motivos serios que justifican la imposibilidad y de la dispensa del párroco. Las situaciones concretas merecen diálogo personal: no todos los turnos tienen los mismos horarios ni cada dificultad se resuelve con una regla de internet. Puedes pedir orientación en la parroquia.

Quizá el día acabe con una cena recalentada o una llamada breve. También puede haber fiesta en un encuentro aplazado si alguien te espera de verdad. No hace falta fingir que no te dolió perderte lo demás. Puedes confiar también eso, dar gracias por lo vivido y buscar tiempo para descansar. El Señor puede escucharte mientras te quitas los zapatos al terminar el turno.

FUENTES Y LECTURAS

Créditos fotográficos

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