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¡JESÚS, QUÉ REVOLUCIÓN!

PASOLINI Y ESE JESÚS QUE SIGUE HACIÉNDONOS PREGUNTAS

Un joven desconocido como Cristo, los Sassi de Matera y su madre como María. El Evangelio de un director que no creía, pero se tomaba a Jesús muy en serio.

Pier Paolo Pasolini con Enrique Irazoqui durante el rodaje de El evangelio según san Mateo en Matera, fotografía de archivo.

Jesús tiene las cejas pobladas, una mirada que sostiene la de la cámara y el rostro de un muchacho al que el público no conoce. Enrico Maria Salerno le presta la voz. Detrás de la cámara está Pier Paolo Pasolini. Basta ese encuentro para comprender que El evangelio según san Mateo, estrenado en 1964, merece algo más que la etiqueta de “vieja película religiosa”.

El 2 de noviembre se cumplen cincuenta y un años de la muerte del poeta y director, asesinado en Ostia en 1975. Volver a esta película es una manera concreta de recordarlo: mirar su obra antes que las frases convertidas en citas para compartir. Y dejarse sorprender por lo exigente que puede ser el Jesús de un hombre que se declaraba no creyente.

Un libro en una habitación de Asís

La chispa surge en Asís, en 1962. Pasolini se aloja en la Pro Civitate Christiana; la visita de Juan XXIII paraliza el tráfico de la ciudad y lo retiene en su habitación. Allí encuentra un Evangelio y empieza por Mateo. La lectura se convierte en un proyecto cinematográfico y después en una urgencia que comparte con el productor Alfredo Bini y con don Giovanni Rossi.

La historia hará sonreír a quien conozca esos libros que quedan en las mesillas: a veces los abrimos para llenar una espera; otras, una página cambia nuestros planes. En este caso cambia también la historia del cine. Al reconstruir los orígenes de la película en Cinematografo, Davide Milani recuerda el apoyo que la comunidad de Asís ofreció al director, también mediante el diálogo con un biblista.

La película lleva una dedicatoria a “la querida, alegre, familiar memoria de Juan XXIII”, traducción de la afectuosa expresión italiana de Pasolini. Habla de un encuentro posible sin borrar las distancias.

Il Vangelo secondo Matteo — trailer
Fuente: BFI Trailers ↗

Matera, antes de la postal

Para dar forma a la Palestina evangélica, Pasolini mira al sur de Italia. Matera se convierte en Jerusalén; los rostros de sus habitantes entran en el encuadre. Hoy reconocemos los Sassi como una maravilla que fotografiar. Aquí las piedras están junto a los cuerpos, el esfuerzo y la pobreza: forman parte de la vida de las personas.

El director da espacio a las personas marginadas y a su presencia física. Roberto Chiesi, responsable del Centro de Estudios y Archivo Pasolini de la Cineteca de Bolonia, también ha hablado de esta elección. Al mirar podemos preguntarnos: ¿quién ocupa la pantalla?, ¿a quién se escucha?, ¿quién quedaría al fondo en otras historias?

El Evangelio habla de personas que tienen hambre, buscan una curación o esperan una palabra. Verlas tan cerca nos quita comodidad como lectores. La pobreza evangélica tiene un rostro; encontrarse con él exige más atención que apreciar una fotografía hermosa.

Para María elige a su madre

El joven Jesús es Enrique Irazoqui. Margherita Caruso interpreta a María de joven; durante la Pasión tiene el rostro de Susanna Pasolini, la madre del director. Una elección que introduce en el relato una cercanía familiar muy concreta.

Ante ese rostro podemos detenernos en el dolor de una madre por su hijo, sin convertir cada plano en una explicación de la vida del autor. La historia evangélica pasa por una persona real, llamada a darle cuerpo. Para quien cree, María conserva su lugar en la fe; en el cine, mientras tanto, deja de parecer inalcanzable.

También el sonido desafía la costumbre: la combinación de tradiciones musicales distintas, incluida la música de Bach, amplía el horizonte de las imágenes. La historia pertenece a un lugar preciso y encuentra resonancias lejanas. Podemos percibir ese encuentro entre rostros y música antes de saber describirlo con el lenguaje de la crítica.

Un no creyente ante el Evangelio

No debemos convertir retrospectivamente a Pasolini en un converso. Al presentar su trabajo, distingue su postura personal de la fuerza poética y humana que reconoce en Cristo. La Cineteca de Bolonia conserva palabras en las que el director reúne su lectura marxista y una fascinación por lo divino que esa lectura no agota.

Esa tensión hace interesante también la acogida católica: en el Festival de Venecia de 1964, la película recibió, junto al Premio Especial del Jurado, el premio de la OCIC, la organización católica del cine. Reconocer la obra no equivale a compartir todas las posiciones de su autor.

Para una lectora creyente hay aquí una oportunidad de libertad: encontrarse con una obra sin pedir primero a su autor que se parezca a nosotras. La fe también ofrece esa posibilidad de escucha. Podemos reconocer una pregunta profunda, discutir las respuestas y volver al texto evangélico con una atención nueva.

Una noche para verla de verdad

Merece la pena dedicarle una noche entera y dejar que el blanco y negro se vuelva presente. Al principio podemos seguir sobre todo los rostros; después, escuchar el peso de las palabras de Jesús y preguntarnos cuáles recordábamos y cuáles habíamos suavizado en la memoria.

Y hay que llegar hasta el final. El relato atraviesa la condena y la crucifixión, pero desemboca en la Resurrección. Detenerse en el sufrimiento alteraría su movimiento. Para un cristiano, ahí se abre la esperanza; para quien no cree, sigue siendo un paso con el que medirse.

Después, quizá, podemos abrir Mateo. Releer una página que acabamos de ver y observar qué nos ha hecho sentir el cine. Pasolini sigue preguntándonos también así: devolviéndonos las ganas de leer una historia que creíamos conocer.

FUENTES Y LECTURAS

Créditos fotográficos

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