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EL HÁBITO NO HACE A LA SANTA

KIMI GANA, ¡PERO SU TESORO ES UN REGALO DE MAMÁ!

Una pequeña cola de ballena, unas vacaciones en Cerdeña y un vínculo que sigue ahí, incluso bajo el casco. El collar de Kimi Antonelli cuenta el lado más tierno del estilo.

Kimi Antonelli sonríe durante el Gran Premio de los Países Bajos 2026.

La copa se ve enseguida. El collar, un poco menos. Sin embargo, entre las fotografías de Kimi Antonelli campeón del mundo, hay un detalle que invita a detenerse: ese pequeño colgante con forma de cola de ballena que lleva cerca del cuello. Lo usa desde hace años. Antes de las grandes portadas, antes del debut en Fórmula 1, antes de que su nombre fuera el que todos gritaban delante del televisor.

Se lo regaló su madre, Veronica, durante unas vacaciones en Cerdeña. Era 2019. Una de esas cosas que en su momento parecen pequeñas, casi normales: eliges un colgante, se lo das a tu hijo y él se lo pone. Después pasan los años y aquel trocito de plata permanece, mientras todo lo demás cambia de velocidad.

Aquel regalo llegó mucho antes del Mundial

El 1 de noviembre de 2026, con el tercer puesto en el Gran Premio de Ciudad de México, Antonelli conquistó el título mundial de Fórmula 1. A los veinte años se convirtió en el campeón más joven de la historia de la categoría. Cifras enormes, sobre todo cuando intentas imaginar cuántas cosas pueden pasar por la cabeza de alguien que hace pocos años competía en karts.

El collar ya estaba allí. Ese detalle vuelve tan bonita la historia: no es un accesorio elegido para celebrar el resultado. Lo acompañó hasta llegar a él. Kimi ha contado que lo considera un amuleto y que lo mantuvo incluso cuando los entrenamientos fortalecieron su cuello y la cadena empezó a quedarle más ajustada. También nos encariñamos así, llevando algo que perteneció a una versión anterior de nosotros mismos.

El colgante ha sido identificado como la Cola de Ballena de Giovanni Raspini: plata de ley 925, elaboración italiana y un precio de 40 euros. Es el precio del colgante, no de un collar completo. El valor que tiene para Kimi, por supuesto, no aparece en ninguna etiqueta.

Las joyas que elegimos sin pensar en el conjunto

Quizá tú también tienes un collar que casi nunca te quitas. Un anillo de cumpleaños, una medallita, una pulsera algo gastada. Sabes que no combina perfectamente con todo, pero cuando intentas dejarla en casa notas enseguida que falta algo.

Son los accesorios más difíciles de explicar a quien solo pregunta dónde los compraste. La respuesta verdadera sería más larga: quién te los regaló, dónde estabas, qué momento de tu vida atravesabas. A veces recuerdas incluso la bolsita. O la manera torpe en que alguien te los puso en la mano, fingiendo que no era nada importante.

La historia de Kimi invita a mirar precisamente ese rincón de nuestro joyero. Entre las cosas que no fotografiamos para enseñar una compra nueva, pero buscamos con cierta angustia cuando no están en su sitio habitual. Eso también vuelve personal un estilo: hay detalles que tienen una historia antes incluso de tener un color.

Un collar pequeño sabe hacerse ver

Lo bonito de un colgante diminuto es que no exige grandes preparativos. Con una camisa blanca algo abierta se ve lo suficiente; con un jersey de cuello redondo puede descansar sobre el tejido o asomarse apenas, según la longitud de la cadena. El resultado cambia incluso al elegir un punto liso en lugar de una textura muy trabajada.

Para destacarlo, prueba una base sencilla: azul marino, gris, chocolate, crema. El pequeño reflejo de la plata encuentra enseguida su lugar. Un cárdigan abierto sobre una camiseta le sirve de marco sin añadir otros tres collares. Si tu colgante es dorado, prueba el mismo juego con un jersey verde bosque o una camisa azul claro.

Pero no hace falta convertir un regalo querido en un ejercicio de estilismo. Si te gusta junto a pendientes de colores, llévalo así. Si queda casi escondido bajo un cuello alto, seguirá teniendo su sitio. Las joyas sentimentales tienen esa ventaja: no necesitan aprobar cada mañana el examen del espejo para merecer salir con nosotras.

¿Y cuando el regalo lo elegimos nosotras?

Observar ayuda más que buscar el símbolo perfecto. ¿Esa persona lleva siempre collares cortos? ¿Le encanta la plata? ¿Prefiere cosas diminutas o detalles llamativos? Ahí empieza la posibilidad de que el regalo entre de verdad en su día a día, en vez de quedarse en la caja para una ocasión.

Después está la tarjeta. Dos líneas escritas como hablarías tú: el recuerdo de un viaje, un deseo, una frase que solo entendéis vosotros. No necesitas atribuir poderes especiales a un símbolo para que importe. Basta explicar por qué pensaste precisamente en esa persona mientras lo elegías.

De Kimi veremos más trofeos, trajes, relojes y fotografías de portada. Pero aquella pequeña cola de ballena ya tiene su propia historia. En medio de tanta velocidad, sigue recordando unas vacaciones junto al mar y un regalo de mamá. Es fácil imaginar que Veronica tendría mucho que decirle al volver a casa después del Mundial. Y seguramente un abrazo mucho más grande que cualquier colgante.

FUENTES Y LECTURAS

Créditos fotográficos

¿OTRA HISTORIA?