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“TODO BIEN.” Y DESPUÉS SILENCIO: CÓMO ABRIR UNA CONVERSACIÓN CON UN ADOLESCENTE

Escuchar no es interrogar: ejemplos editoriales para hablar de estudios, amistades y dificultades a partir de las orientaciones de UNICEF.

Madre e hija adolescente conversando: fotografía ilustrativa.

“¿Qué tal?” “Bien.” Fin de la conversación. A veces un progenitor quiere saberlo todo justo cuando un adolescente solo quiere dejar la mochila. Antes de añadir cinco preguntas, conviene cambiar el contexto y el tipo de atención. Los ejemplos siguientes los ha creado la redacción: no son transcripciones de familias entrevistadas ni prometen que una frase haga hablar a cualquiera.

No pidas un informe: busca una entrada

“¿Qué parte del día te ha cansado más?” es distinto de “¿Por qué nunca cuentas nada?”. La primera pregunta delimita un tema; la segunda obliga a defenderse de una acusación. También puedes ofrecer una elección: “¿Prefieres hablar ahora o después de cenar?”. La elección debe ser real, no una manera amable de anunciar un interrogatorio dentro de diez minutos.

UNICEF recomienda preguntas abiertas, escucha activa y atención a lo que importa al hijo, sin forzar la conversación cuando aún no puede describir lo que siente. Un gesto concreto: deja el móvil y permite que termine la frase antes de responder. Una pausa no es necesariamente un desafío; puede ser el tiempo necesario para encontrar las palabras.

Primero comprende, después decide

Si escuchas “nadie me quiere en el grupo”, no empieces con “eso no es verdad”. Aclara el episodio: “¿Qué ha pasado hoy?”. Puedes reconocer el sufrimiento sin confirmar una conclusión absoluta sobre todos los compañeros. Preguntar quién estaba, qué se dijo y si había ocurrido antes ayuda a separar la experiencia de una interpretación que aún hay que comprender.

Antes de sugerir soluciones, pregunta qué ayuda sería útil: escuchar, preparar juntos un mensaje, contactar con una persona responsable del colegio. No prometas secreto absoluto si puede aparecer un riesgo para su seguridad. Explica que intentarás incluirle en los pasos necesarios y compartir la información solo con quienes deban ayudar.

Un conflicto no decide el valor de la relación

Ante una hora de regreso, distingue la norma de la persona: explica el motivo, escucha una alternativa y concreta qué responsabilidad debe cumplirse. “Siempre eres irresponsable” convierte una decisión práctica en un juicio sobre toda la persona. Si has gritado, puedes reparar de forma concreta: “No estuvo bien hablarte así; retomemos el horario sin insultos”.

El NHS señala cambios importantes de conducta, aislamiento social y dificultades persistentes como motivos para prestar atención y buscar apoyo. No son un diagnóstico casero. Si te preocupa, consulta con un profesional sanitario y con el centro educativo cuando proceda. Llevar ejemplos concretos de lo que cambió es más útil que llegar con una etiqueta encontrada en internet.

FUENTES Y LECTURAS

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