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DIO RIDE: ¿Y SI LA FE NOS DEVOLVIERA LA SONRISA?

Favino lleva hábito y Silvio Orlando viste la púrpura. En la nueva película de Giovanni Veronesi, un fraile habla de Dios a la gente corriente y acaba ante la Inquisición. Una historia de libertad y conciencia que nos invita a redescubrir cuánto espacio hay para la alegría en la vida de quien cree.

Pierfrancesco Favino como fray Leopoldo en una foto de escena oficial de Dio ride (2026).

Un fraile cuenta el Evangelio. La gente lo escucha y, en un momento dado, ríe. Debería ser una buena noticia: alguien ha encontrado palabras capaces de llegar incluso a quien se siente lejos. En Dio ride, sin embargo, ese éxito se convierte en un problema.

La película de Giovanni Veronesi, en los cines italianos desde el 29 de octubre de 2026, pone frente a frente a Pierfrancesco Favino y Silvio Orlando. Entre ellos hay un hábito, una vestidura cardenalicia y una pregunta para llevarse a casa: ¿qué imagen de Dios transmitimos cuando hablamos de Él?

Un fraile, la gente y una risa que da miedo

La sinopsis oficial de PiperFilm nos lleva a la Italia del siglo XVII: fray Leopoldo da Casamacchia, interpretado por Favino, cuenta el Evangelio a la gente con un lenguaje cercano y alegre.

Sus seguidores aumentan, las iglesias se vacían y la noticia llega a Roma. El cardenal Maculani, al que da vida Orlando, recibe el encargo de investigar. Su tarea es examinar el caso, pero el encuentro con Leopoldo abre preguntas que van más allá de un interrogatorio.

La premisa contiene ya un conflicto poderoso. Para el fraile, hablar de Dios significa dar esperanza. Para quien teme perder el control, esa misma voz puede resultar peligrosa. La película parte de ahí: del momento en que el encuentro con las personas choca con el ejercicio del poder.

¿Existió realmente fray Leopoldo?

Conviene aclararlo desde el principio: fray Leopoldo da Casamacchia es un personaje de ficción. La película entrelaza invención y referencias históricas, pero presentar su historia como la biografía de un religioso que realmente vivió sería incorrecto.

Esta distinción concede al espectador una libertad valiosa. Podemos preguntarnos por las decisiones de los personajes sin tomar cada frase por un testimonio de archivo. Y podemos contemplar al cardenal, al fraile y a quienes los rodean como figuras de un relato, sin convertirlos automáticamente en el retrato de toda la Iglesia, de ayer o de hoy.

Favino y Orlando: dos maneras de afrontar una pregunta

El hábito de Leopoldo y la púrpura de Maculani hacen visibles de inmediato sus posiciones. Más interesante resulta preguntarse qué sucede cuando estas dos personas empiezan a escucharse. La posibilidad de dejarse tocar por una voz diferente está en el centro del encuentro que anuncia la historia.

Al presentar la película a Movieplayer, Favino relacionó el trabajo del arte con su capacidad para cuestionar las formas de pensar dominantes. Orlando destacó la utilidad del cine para aclarar nuestra relación con el poder. Son dos claves concretas para acercarse al relato: ¿quién puede hablar? ¿Quién decide qué palabras son admisibles? ¿Y quién se atreve a revisar un juicio?

Junto a los protagonistas están Alma Noce, Francesco Gheghi, Maurizio Lombardi, Paolo Rossi y Carlo Cecchi. Un reparto coral para una historia en la que las consecuencias de las decisiones también recaen sobre quienes no ocupan el centro de la escena.

Dio ride — tráiler oficial en italiano
Fuente: PiperFilm ↗

Veronesi, los amaneceres reales y el tiempo para mirarse

Dio ride se presentó fuera de concurso en la 83.ª edición del Festival Internacional de Cine de Venecia. En las notas publicadas por la Bienal, Veronesi describe un cambio en su trabajo: esperar la luz, rodar en amaneceres reales y confiar parte del relato a las miradas. Para un director acostumbrado a los tiempos de la comedia, significa buscar también otro ritmo.

Es un detalle que despierta curiosidad porque afecta a la construcción de la película, además de a su tema. ¿Cuánto puede contar un rostro antes de que llegue la respuesta? ¿Qué cambia si una conversación deja espacio a la vacilación? Son cosas que observar en la sala, dando a los personajes tiempo para sorprendernos.

¿Puede reír la fe? Francisco había respondido así

El 14 de junio de 2024, el papa Francisco recibió en el Vaticano a artistas del mundo del humor. Habló de la capacidad de la comedia para acercar a personas diferentes y despertar el sentido crítico. También les dijo que, al suscitar sonrisas inteligentes, ‘hacen sonreír también a Dios’.

En aquel mismo encuentro señaló un criterio muy concreto: el humor no debe humillar ni herir los sentimientos religiosos. Una risa puede crear complicidad, pero también puede dejar a alguien solo entre los demás. La diferencia se reconoce por lo que produce en las personas.

Francisco contó además que llevaba más de cuarenta años rezando con las palabras ‘Dame, Señor, el sentido del humor’, de la oración atribuida a santo Tomás Moro. También el buen humor, por tanto, puede entrar en la oración: junto a las preocupaciones, la gratitud y las peticiones de ayuda.

La alegría no nos pide fingir

Aquí hay un punto delicado. Quien atraviesa un duelo, una enfermedad o una depresión no necesita que le digan que debería sonreír más para demostrar su fe. Necesita escucha, cercanía y ayuda. Nadie tiene que ganarse un lugar ante Dios mostrando que es feliz.

Pero podemos reconocer esos momentos en que una broma cariñosa nos permite respirar. Sucede entre amigos, después de un día difícil, cuando alguien nos conoce lo suficiente para entender hasta dónde puede llegar. El problema sigue ahí, pero durante un instante conseguimos mirarlo juntos.

De esa experiencia cotidiana puede nacer una conversación interesante después de la película. ¿Qué palabras nos han ayudado a creer? ¿Cuáles nos han hecho sentir excluidos? Cuando contamos nuestra fe, ¿sabemos escuchar también las preguntas de quien tenemos delante?

Una cita en el cine y después una charla

Dio ride dura 114 minutos y está distribuida por PiperFilm. Para encontrar las proyecciones se puede consultar la programación en la web de la distribuidora, seleccionando una provincia italiana.

Quizá podamos ir con esa amiga con la que siempre terminamos hablando de las cosas importantes, incluso cuando habíamos prometido una velada ligera. Dejemos que la película haga su trabajo: contar, provocar preguntas y abrir una conversación.

Y después, ante un café, empecemos por algo sencillo: ¿cuándo fue la última vez que alguien nos habló de Dios y nos hizo sentir acogidos?

FUENTES Y LECTURAS

Créditos fotográficos

¿OTRA HISTORIA?