UNA MESA, DISTINTAS CREENCIAS: EL DIÁLOGO EMPIEZA CON BUENAS PREGUNTAS
Qué cambió Nostra aetate y cómo hablar de religión sin convertir a una persona en portavoz de millones de creyentes.

«Nosotros también creemos en María» puede iniciar una conversación, no terminarla. Una palabra compartida no significa necesariamente lo mismo. La declaración conciliar Nostra aetate, promulgada el 28 de octubre de 1965, reconoce el respeto de los musulmanes por María y Jesús, pero señala que el islam no reconoce a Jesús como Dios. El diálogo católico parte de una doble atención: reconocer coincidencias sin borrar diferencias.
Un documento breve, un cambio concreto
Nostra aetate examina las relaciones con las religiones no cristianas. No es un manual completo de hinduismo, budismo, islam o judaísmo; sus breves descripciones no agotan la diversidad interna de esas comunidades. Invita a los católicos a reconocer lo verdadero y santo en otras tradiciones, manteniendo su fe en Cristo. No propone fusionar todas las religiones en una nueva fórmula.
Una parte decisiva se refiere al judaísmo. La Iglesia reconoce sus raíces en los patriarcas, Moisés y los profetas, y rechaza atribuir indiscriminadamente la muerte de Jesús a los judíos de su tiempo o a los actuales. La declaración deplora las persecuciones y las manifestaciones de antisemitismo. No se limita a recomendar buenos modales: corrige una forma de hablar con consecuencias históricas gravísimas.
María también tiene raíces
El Magníficat de Lucas 1 menciona a Abrahán y la promesa a los antepasados. Incluso una devoción familiar como la mariana puede ayudar a reconocer la historia judía del cristianismo. Para los católicos, María es Madre de Dios en referencia a la identidad de Jesús; se la venera, no se la adora. Explicar la propia fe requiere palabras precisas; comprender la ajena exige escuchar primero cómo la describe esa persona.
Decir «vosotros hacéis todos eso» transforma una tradición en caricatura. Una persona puede ser practicante, no practicante, estar buscando o vincularse a una religión por su historia familiar. No tiene que aprobar un examen para ser una interlocutora válida. Tampoco debería justificar cada noticia sobre personas de su misma religión.
Visitar sin dar nada por supuesto
Si te invitan a un lugar de culto, pregunta antes por las indicaciones sobre ropa, calzado, fotografías y presencia durante la oración. No existe una única regla para todas las comunidades. Si no deseas participar en un rito, puedes explicarlo con respeto y preguntar cómo permanecer como invitada. Visitar, observar y celebrar juntos son actividades distintas.
En una comida compartida, pregunta qué puede o quiere comer alguien en lugar de deducir sus preferencias de su pertenencia religiosa. Estas sugerencias prácticas son propuestas editoriales, no normas universales del Concilio.


