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ORACIONES

DIOS, HE VUELTO A ABRIR LOS LIBROS. YA NO TENGO VEINTE AÑOS

El libro lleva abierto media hora. Has leído la misma página, contestado un mensaje, buscado una palabra y recordado la nevera vacía. Entonces aparece la frase: a mi edad ya debería saber qué hacer con mi vida.

Libros apilados sobre una mesa de madera

Sin embargo, has vuelto a estudiar. Quizá buscas otro trabajo, un título que dejaste a medias o un idioma que siempre te ha gustado. Los libros están otra vez sobre la mesa, junto a responsabilidades que no tenías a los veinte.

Puedes llevarlo todo a la oración: el deseo, la vergüenza, la alegría de entender y la tarde en que nada se queda en la cabeza. No hace falta esperar a la víspera de un examen para hablar con Dios del estudio.

Antes de rezar, una silla para ti

Santiago 1,5 invita a pedir a Dios la sabiduría que nos falta. La sabiduría no equivale a la nota más alta ni evita prepararse. Puede ayudarnos a elegir, escuchar y reconocer los límites y la necesidad de aprender.

También caben peticiones pequeñas: saber por dónde empezar, atreverse a enviar una pregunta, aceptar un ritmo realista. A veces lo sensato será cerrar el libro y descansar.

La siguiente oración es original, escrita para este momento de la vida. Puedes leerla entera, detenerte en unas líneas o adaptar las palabras a tu día.

Dios, aquí estoy con los libros abiertos

Señor, he vuelto a abrir los libros y a veces me siento pequeña.

Hay palabras que no conozco, preguntas que me da miedo hacer, personas que parecen entender antes que yo. Intento seguir mientras pienso en lo que me espera después.

Tú sabes por qué estoy aquí: el deseo que me hizo inscribirme, la duda antes de pulsar, el coste que calculé, las horas que intento encontrar.

Ayúdame a no avergonzarme de aprender. A pedir una explicación sin tratarme de incapaz. A recordar que no entender enseguida no dice todo lo que soy.

Dame atención para esta página. Cuando ya pienso en el último examen, devuélveme al trabajo de hoy: un tema, un ejercicio, una pregunta bien preparada.

Cuida la alegría de cuando por fin entiendo. Quisiera darme cuenta antes de correr hacia lo que todavía no sé. Quisiera disfrutar de algo aprendido de verdad.

Te confío a quienes estudian conmigo, a quienes enseñan y a quienes buscan un camino con menos recursos que yo. Que la comparación no me endurezca. Que sepa compartir lo que he comprendido.

Cuando esté cansada, ayúdame a reconocerlo: a organizar lo que pueda, pedir colaboración y soltar un horario imposible.

Si un resultado me decepciona, quédate mientras lo miro. Ayúdame a entender dónde me equivoqué y qué puedo cambiar, sin poner a toda mi vida el nombre de una nota.

Te confío a quienes me quieren: su ánimo, su paciencia y los malentendidos que a veces duelen. Enséñanos a hablar de necesidades reales, de tiempo y cansancio, del espacio que este deseo pide.

Cuando cierre los libros esta noche, quisiera darte gracias por algo concreto: una página comprendida, una ayuda recibida, el valor de haber vuelto.

Acompaña lo que aprendo fuera de esta mesa. Que se convierta en un trabajo cuidadoso, una palabra más consciente, una oportunidad de comprender a alguien.

Todavía no conozco el futuro. Hoy tengo estos libros abiertos, un poco de miedo y el deseo de continuar.

Me quedo aquí contigo. Amén.

Cuando cierres el libro

Después puedes elegir una tarea posible: leer tres páginas con atención o escribir la pregunta que llevas posponiendo. Rezar no sustituye un método, los materiales adecuados ni la ayuda que necesitas.

También puedes pedir espacio a quienes viven contigo: una hora acordada, un recado compartido, un poco de silencio. Los deseos necesitan conversaciones prácticas para encontrar sitio en una casa.

Habrá días en que estudies poco. Llegarán imprevistos reales y otros días simplemente saldrán mal. Puedes revisar el programa sin decidir cada vez si tienes derecho a querer esto.

Cuando entiendas algo difícil, cuéntaselo a quien se alegrará por ti. De adultas también podemos llamar para compartir una pequeña victoria. El libro te esperará; deja que esa alegría te acompañe un rato.

FUENTES Y LECTURAS

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