PHILIP RIVERS: ¡PUEDES VOLVER A EMPEZAR DESPUÉS DE UN ERROR!
Un campeón habla con los graduados y lleva dos palabras latinas al escenario. Las encontramos hoy para hablar de nuestros inicios, incluso cuando no aplaude a nadie.

Has hecho algo mal y toda la noche, tu cabeza sigue regresando. La frase mal dicha, la prueba fue peor de lo esperado, la oportunidad que no has sabido aprovechar. Quien te quiera, trata de recordarte el resto del día. Sólo ves ese momento.
El mundo del deporte conoce bien el peso de un error ante los ojos de los demás. Pero no es necesario entrar en un estadio para sentirse juzgada por el resultado de una sola acción. Puede ocurrir en la oficina, en la familia, durante una entrevista o después de una decisión importante.
El 17 de mayo de 2014, en la Catholic University of America, Philip Rivers habló de su fe. Su discurso nos acerca preguntas sobre resultados, errores y nuevos comienzos, también lejos de un campo de fútbol americano.
Dos palabras latinas delante de los graduados
Rivers, quarterback y católico practicante, abrió esa intervención con la expresión Nunc coepi, hecha en inglés como Now I begin: ahora empiezo. La aplicó a los errores y resultados positivos, al trabajo y a la oración. También señaló la fe, la familia y el fútbol como sus prioridades, en este orden.
En el relato publicado por la universidad se desprende también el paso de una fe recibida en la infancia a una elección hecha propia durante los años de la universidad. El testimonio se refiere a la forma en que Rivers describía entonces su propia experiencia.
No estamos leyendo un método que garantice la victoria. Estamos encontrando a un creyente que, hablando de su propia vida, conecta el comenzar de nuevo con lo que considera fundamental.
Después de un error tienes que entender qué reparar
Saquemos esta intuición del estadio. Si ha entregado un trabajo incompleto, empezar de nuevo puede significar reconocer el problema, advertir y acordar una corrección. Si has herido a alguien, puedes pedir disculpas y un cambio verificable.
Repartir no elimina las consecuencias. No permite pedir a los demás que se olviden de inmediato. Pero permite asumir una responsabilidad sin convertirla en una condena eterna sobre sí mismo.
Hay una diferencia entre volver sobre un hecho para entenderlo y repetirlo mentalmente para castigarse. En el primer caso, tarde o temprano, surge una pregunta útil: ¿qué puedo hacer ahora? En el segundo, cada respuesta parece insuficiente porque el verdadero proceso afecta a la persona entera.
Incluso un buen resultado no debe convertirse en una prisión
El aspecto interesante de ese empezar de nuevo es que también se trata de lo que ha ido bien. Un éxito puede convertirse en una medida a la que se sienta obligada a llegar siempre. Si una vez lo hiciste todo a la perfección, entonces temes que cualquier día normal parezca un fracaso.
La reflexión que proponemos es ésta: puedes estar agradecida por un resultado sin obligarte a vivir continuamente a su altura. Un ascenso, un proyecto exitoso, un cumplido importante siguen siendo parte de tu historia. No deben agotar lo que eres.
Lo mismo se aplica a un papel. Ser la confiable, la brillante o la que mantiene alto el estado de ánimo puede gustarte. Pero también tienes derecho a pedir ayuda, a ser serio, a no tener la solución lista. Las relaciones más sólidas pueden dar paso a estos días.
La fe más allá de la escaramuza del desempeño
En la perspectiva católica, orar antes de una prueba no asegura que terminará como esperamos. El Catecismo invita a interrogar nuestra idea de Dios cuando la oración sólo es evaluada por el resultado de la petición.
Puedes pedir ayuda para prepararte, lucidez en el momento de la prueba y honestidad para reconocer los límites. Puedes agradecérselo si está bien y buscar apoyo si está mal. Un resultado desfavorable no demuestra automáticamente que Dios te haya abandonado o que tu fe sea insuficiente.
La relación con él puede acompañar también la fatiga de entender qué continuar y qué cambiar. A veces el buen paso es insistir con un plan más realista. Otras veces es dejar un camino que no funciona. Reemprender requiere discernimiento, no sólo entusiasmo.
¿Qué prioridades se ven realmente en tu semana?
No es necesario adoptar las prioridades personales de Rivers como si fueran una fórmula universal. Sin embargo, puedes dejarte interrogar por su claridad. Si dices que una relación cuenta, ¿qué tiempo le estás reservando? Si la fe es importante, ¿dónde encuentra espacio? Si necesitas descansar, ¿qué puedes volver a discutir?
Las respuestas no deben convertirse en una nueva razón para acusarte. Hay períodos en los que los márgenes son estrechos y las responsabilidades pesan. Precisamente por eso puede ser útil escoger un gesto preciso, en vez de prometer una transformación completa desde el lunes.
Una llamada con cuidado. Un tiempo corto para rezar. Un compromiso reducido. Una petición de ayuda que has estado remitiendo durante semanas. Pequeños retoques que nadie comentará en las redes sociales y que pueden afectar realmente al día.
El próximo intento no necesita público.
Ese testimonio de 2014 nos da dos palabras que considerar, sin obligarnos a estar preparados. Puedes empezar mientras sigues decepcionada. Puedes dar el primer paso sin encontrar una explicación perfecta para todo.
Esta noche, en vez de preguntarte cómo ha ido, intenta preguntarte qué se merece mañana. Una cosa concreta. Tal vez no haya aplauso. Vas a estar allí, con la oportunidad de volver a elegir lo que importa.


