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DIOS, ¿ME OYES?

DIOS, HE COMULGADO. Y NO HE SENTIDO NADA

Vuelves al banco, te arrodillas e intentas recogerte. Durante unos segundos lo consigues. Después recuerdas un mensaje, algo que comprar, la comida pendiente. Cerca de ti alguien tiene los ojos cerrados y parece lleno de paz. Tú notas sobre todo la costura del pantalón contra las rodillas.

Bancos de madera dentro de una iglesia

La pregunta llega casi con vergüenza: acabo de comulgar y no he sentido nada. ¿Por qué ha sido tan corriente?

Si te ha ocurrido, puedes decirlo, también a Dios. La fe no te exige fabricar una emoción para presentar mejor ese momento.

La Comunión no se mide por una emoción

En la fe católica, la Eucaristía es el encuentro sacramental con Cristo realmente presente. Su valor no depende de un estremecimiento. El Catecismo, en el número 1128, explica que Cristo actúa en los sacramentos y que sus frutos dependen también de las disposiciones de quien los recibe.

Ambas cosas van juntas. La gracia no nace de nuestra intensidad emocional y la participación personal importa: la fe, la preparación, el deseo de recibir al Señor y la disponibilidad para cambiar.

Sentirse distraída o poco conmovida no demuestra, por sí solo, que todo eso falte. Una persona cansada puede desear sinceramente el encuentro. Quien pasa un momento difícil puede rezar sin encontrar palabras. Las sensaciones cuentan parte de la experiencia; no pueden juzgar toda la relación con Dios.

¿Has empezado a mirar a los demás?

La persona de al lado llora. Una amiga cuenta que salió renovada de misa. Tú vuelves a casa con las mismas preocupaciones y te preguntas qué tienen los otros que a ti te falta.

Vemos una expresión o escuchamos un relato y los utilizamos para evaluar nuestra vida interior. No conocemos toda la historia de esa persona. Incluso su alegría auténtica no se convierte en el modelo obligatorio de nuestro domingo.

Puedes alegrarte por su consuelo sin vivirlo como una derrota propia. Hay formas distintas de participar y etapas diferentes en una misma vida de fe. No necesitas adoptar una expresión más devota.

Prepararse sin convertirlo en un examen

Acercarse a la Comunión merece cuidado. Puede empezar por algo sencillo: llegar con unos minutos de margen, escuchar una lectura, confiar al Señor una intención concreta. Un sacerdote puede ayudarte con las dudas sobre tu situación, en lugar de dejarte sola con una sentencia construida en tu cabeza.

El Catecismo recuerda que quien es consciente de un pecado grave debe recibir la Reconciliación antes de comulgar. La ausencia de emoción no es, por sí misma, un pecado grave. Confundirlo puede convertir cada momento de cansancio en un miedo innecesario.

En nuestras relaciones sabemos que el amor puede estar presente en un día apagado. Podemos escuchar y permanecer junto a alguien sin sentir siempre la misma intensidad. La comparación no agota el misterio eucarístico, pero evita pedir a las emociones un certificado que no pueden dar.

Después, una frase verdadera

Puedes rezar con palabras propias: Señor, estoy aquí y hoy me cuesta estar. O utiliza otras palabras, las que hoy consigas encontrar.

Escucha el canto, permanece un momento en silencio, vuelve con amabilidad cuando el pensamiento se aleje. Perseguir con rabia cada distracción puede llenar ese tiempo de más ruido. No necesitas vigilarte como si fueran a descubrirte.

Quizá salgas sin una sensación especial. Puede que recuerdes a alguien mencionado en la oración o adviertas un rencor que necesitas trabajar. Son posibilidades, no pruebas que debas presentar para demostrar que la misa ha “funcionado”.

Mira también el contexto. ¿Has dormido poco? ¿Estás preocupada o agotada? Nombrarlo no reduce la fe al estado de ánimo. A misa acude toda tu persona, incluido un cuerpo cansado que necesita cuidado.

Puedes llevar también esto

Si la dificultad continúa y te pesa, una guía espiritual puede ayudarte a comprenderla. No hace falta llamarla enseguida una gran prueba mística ni descartarla como poca fe.

Por ahora puedes ser sincera ante Dios. Has comulgado, has vuelto a tu sitio y has sentido menos de lo que esperabas.

Este día corriente también puede convertirse en oración.

FUENTES Y LECTURAS

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